Quien siga pensando que usar Facebook es “gratis”, esta columna le podría ser traumática, porque el pago que hacemos de este “servicio” con el uso de nuestros datos personales, es bastante rentable para sus propietarios y lesivo para sus usuarios. Crear una cuenta, publicar en ella, comentar, interactuar, etcétera, es algo que hacemos diario y, al realizarlo, otorgamos permisos para que usen nuestros datos, reacciones y más, para que elaboren publicidad personalizada, la cual es bien pagada por los compradores, especialmente en tiempos electorales; o bien para el marketing de las empresas. Así, Meta-Platforms vende espacios publicitarios altamente segmentados, donde los anunciantes pueden dirigir campañas por: edad, ubicación, intereses, comportamiento digital, afinidad política o consumo con alto grado de asertividad.

Facebook, desde el 28 de octubre de 2021 llamado “Meta Platforms”, ha recopilado datos como: lo que nos gusta, lo que no, lo que compartimos, a quienes, el tiempo que pasamos viendo determinados contenidos, edad, intereses, ubicación, comportamiento digital, afinidad política o de consumo… información que es usada por los creadores, con nuestra aprobación y que a veces desconocemos por no leer las letras chiquitas al usar esta divertida plataforma.

Estimaciones obtenidas por IA, con fuentes confiables de internet, aseguran que, en América Latina, Meta ha ganado entre ocho y quince dólares por usuario (estimada en 232 millones) al año; mientras que en México la ganancia ha sido entre seis y doce dólares anuales por usuarios (93.5 millones), cantidades que dependen del nivel socioeconómico, y la intensidad de uso y el valor publicitario del mercado. En campañas electorales, la segmentación hiper específica (jóvenes, indecisos, regiones clave, simpatías o antipatías a contenidos) hace atractivo el negocio porque el objetivo ya no es vender un producto, sino influir en el voto.

Así, el “costo por conversión” (voto) es altísimo; en pocas palabras, el usuario no paga con dinero el uso de la plataforma, pero le está generando entre $100 y $250 pesos (promedio) al año (aproximadamente) a sus creadores, o más en contextos políticos o comerciales específicos.

¿Han modificado los resultados de las elecciones?

Investigaciones y reportes periodísticos han identificado casos emblemáticos (Filipinas 2016, EE. UU. 2016, Brasil 2018, India 2019, y efectos observados en 2020) donde el uso intensivo de Facebook/Meta y sus herramientas (publicidad dirigida, amplificación algorítmica, redes de desinformación, o uso intensivo de la plataforma) han sido señalados como factor relevante en campañas ganadoras.

No solo es “Meta = victoria” automática; en todos los casos que se han citado, la plataforma fue uno de varios factores (mensajes de campaña, contexto político, medios tradicionales, redes offline) los que ayudaron fuerte al éxito. Estamos hablando de Donald Trump, en Estados Unidos, 2016, cuando Cambridge Analytica usó datos como publicidad dirigida y micro‑segmentación generando profundas controversias. O bien, Jair Bolsonaro, en Brasil, cuando amplificaron, en 2018, vía Facebook/WhatsApp la difusión de mensajes y desinformación atribuida a redes sociales. En su reelección, para su triunfo, en India, Narendra Modi (2019), hizo uso de contenido viral y segmentación en campañas digitales intensivas, tanto en Facebook como WhatsApp.

Ante esto, existen una serie de fuentes que documentan las crecientes ‘consecuencias legales’ y ‘sanciones financieras’ que enfrenta Meta por vulnerar la privacidad y seguridad de sus usuarios. Reportes detallan multas históricas en la Unión Europea por transferencias ilícitas de datos y acuerdos multimillonarios en Texas por el uso no autorizado de datos biométricos. Las fuentes exponen fallos judiciales recientes que declaran a la empresa responsable de haber fomentado la ‘adicción digital’ y no proteger a los menores frente a ‘depredadores’. El contenido también aborda investigaciones por prácticas ‘monopólicas’ y la ‘manipulación de investigaciones internas sobre la seguridad en la realidad virtual’. En conjunto, esas publicaciones ilustran una fase crítica de ‘rendición de cuentas’ global ante el impacto social y legal de las plataformas de Mark Zuckerberg.

Los fallos judiciales y acciones regulatorias de 2026 han marcado un punto de inflexión histórico en el diseño de las redes y plataformas digitales, obligando a las empresas a replantearse características estructurales que antes eran estándar; procesos legales que están invalidando el enfoque de priorizar el compromiso del usuario (engagement) a cualquier costo, centrando la atención en la ‘seguridad desde el diseño’ y la ‘protección de la salud mental’.

En California (marzo de 2026), el fallo del juicio por adicción a las redes sociales determinó que funciones específicas habían sido diseñadas para «enganchar» compulsivamente a los jóvenes, lo que presiona a los diseñadores para modificar o eliminar el “Desplazamiento Infinito” (Infinite Scroll), característica que crea un suministro interminable de contenido difícil de abandonar; o la reproducción automática (Autoplay), considerada como herramienta de diseño negligente que fomenta el uso compulsivo; así como las “notificaciones Invasivas”, que han sido señaladas como factores sustanciales en el daño a la salud mental de los menores.

Los tribunales han puesto bajo la lupa cómo los algoritmos distribuyen el contenido, especialmente hacia los menores. En el caso de Nuevo México (marzo de 2026), se ha determinado que, con estos algoritmos dirigidos a los adultos hacia contenido publicado por adolescentes, exige que Meta realice un rediseño radical de los mecanismos de sugerencia para proteger a los usuarios vulnerables. Se espera que en futuras fases de estos juicios obliguen a cambios específicos en las operaciones de las plataformas para que los sistemas de recomendación sean menos dañinos.

Bajo la Ley de Mercados Digitales (DMA) y las investigaciones de la Comisión Europea de 2025 y 2026, el diseño de la interfaz de usuario deberá priorizar la libertad de elección (Choice Screens). Plataformas como Apple han tenido que rediseñar procesos para que sea más fácil desinstalar aplicaciones preinstaladas y cambiar navegadores o motores de búsqueda predeterminados; tras ser declarados “no conformes”, las redes ahora deberán ofrecer alternativas menos personalizadas que no obliguen al usuario a aceptar la recolección masiva de datos por acceder al servicio.

Se ha ordenado a empresas como Apple eliminar barreras técnicas y pantallas de advertencia diseñadas para disuadir a los usuarios de utilizar tiendas de aplicaciones o métodos de pago alternativos.

El veredicto de 2026 en Los Ángeles ha validado una teoría jurídica donde las aplicaciones podrán ser responsables de ‘daños personales’ debido a su diseño, de forma similar a cómo se reguló a las tabacaleras. El uso de filtros integrados en el diseño de la cámara de aplicaciones como Instagram, ha sido citado como un factor que contribuye a la dismorfia corporal en los jóvenes, lo que podría llevar a restricciones en su implementación predeterminada. Los escándalos sobre la ocultación de datos en productos de ‘Realidad Virtual’ (VR) sugieren que el diseño de futuros hardware y software deberán incluir auditorías de seguridad más rigurosas y transparentes ante el Congreso y los reguladores.

El recurso de apelación de la FTC −en 2026− busca desafiar la integración de plataformas como Instagram y WhatsApp bajo un mismo dominio; de prosperar, esto podría forzar una ‘desintegración técnica’, exigiendo que las redes sean diseñadas para ser ‘operativamente independientes’ o altamente ‘interoperables’ con competidores externos. En resumen, el diseño de redes en 2026 está pasando de una era de «crecimiento sin restricciones» a una de “cumplimiento proactivo”, donde la arquitectura de la plataforma deberá demostrar que no es perjudicial para el usuario antes de ser implementada masivamente.

Tras los fallos judiciales de 2026, especialmente en el juicio por adicción, en California, y el caso de ‘seguridad infantil’ en Nuevo México, se espera se dé la eliminación o el rediseño profundo de varias funciones que los tribunales han identificado como negligentes o peligrosas para la salud de los menores.

A partir de sus demandas ¿Cuál sería el futuro de Meta y cómo impactaría a sus usuarios?

Si partimos de los diversos fallos y procesos legales de 2025 y 2026, el futuro de Facebook/Meta se encamina hacia una “reestructuración profunda de su modelo de negocio y su arquitectura técnica”, lo que tendrá un impacto directo y tangible en la experiencia de sus usuarios. Y, a esto, agrégueles su integración debido a las acciones antimonopolio; por ejemplo, la Comisión Federal de Comercio (FTC) estadounidense ha apelado un fallo para insistir en que Meta mantiene un monopolio ilegal mediante la adquisición de Instagram (9 de abril de 2012) comprada por un valor de 1,000 millones de dólares, y WhatsApp (19 de febrero de 2014 con un costo de 19,000 millones de dólares). Tenía razón el denostado expresidente mexicano Felipe Calderón “todo lo que cuesta dinero, es barato”.

Si la FTC tuviera éxito, Meta estaría obligada a separar estas plataformas, lo que impactaría a los usuarios al perder la integración actual entre estos servicios. Los accionistas han demandado a Mark Zuckerberg y otros directivos, alegando que permitieron violaciones sistemáticas de la privacidad que costaron miles de millones a la empresa, lo que podría forzar a una gobernanza interna mucho más estricta sobre cómo se manejan los datos del usuario en el futuro. (Los datos de esta columna fueron obtenidos vía IA mediante fuentes oficiales). Ver video.